Diálogo y conversación. Cultura del pasado, tarea del presente

Diálogo y conversación. Cultura del pasado, tarea del presente

Nuestras raíces proyectan largas sombras del pasado sobre nuestra identidad presente. La cultura, esas huellas impresas en el tiempo por personas, sucesos y decisiones del pasado, es el cimiento sobre el que construímos nuestro presente y, por eso, es el centro de atención de Cult-Roots. "¿Por qué tanta cultura? ¿Qué importancia tiene eso ahora? ¡Hay cosas del hoy que requieren nuestra atención!", podría exclamar el lector de estos artículos. La cultura, es cierto, no ha de convertirse en fin, pero es importante reconocer su valor como medio para construir una vida plena para uno mismo y para la sociedad. Identidad personal y pasado cultural, sí, pero también cultura del pasado, tarea del presente.

  La cultura no es solo un conglomerado de datos o experiencias del pasado, es un gran modo de acercarse a los intentos de millones de personas por comprender ese misterio que es el alma humana. Las preguntas que…

Identidad personal, pasado cultural

Identidad personal, pasado cultural

¿Quién soy? Who am I? Cuando nos encontramos en un momento de cambio o de crisis en nuestra vida, solemos confrontarnos con esta pregunta. Y en mi mente, no puedo desligar ese cuestionarse íntimamente de la imagen -y la música- de Les Misérables. Jean Valjean ha pasado años en prisión, no es más que un número, hasta que alguien ve en él algo de aquel pasado, o más bien algo de la profundidad de su alma. Valjean ya no es "alguien más", un ser anónimo... No, ahora tiene un nombre y un apellido, una identidad.

Pero así como ese sabio hombre de Dios intuye la grandeza que se esconde entre andrajos y gestos duros, Jean ha de mirar su vida de nuevo, desde fuera y desde dentro. Así, también nosotros nos enfrentamos muchas veces a cierta incomodidad con la propia existencia o las personales circunstancias. Nos rebelamos contra…

Amistad. Las alas de la persona creativa.

Amistad. Las alas de la persona creativa.

Si has visto El indomable Will Hunting, esta reprimenda a un joven inteligente, pero demasiado orgulloso, te sonarán familiares. Y si, efectivamente, has visto la película, probablemente hayas deseado tener cerca a alguien como el personaje de Robin Williams, capaz de reconducir las potencias de un joven rebelde hasta tratar de sacar de él lo mejor. El personaje sabe distinguir la experiencia que podemos sacar de las obras artísticas de las del encuentro con la propia persona y reconoce que, a pesar de tener una amplia cultura y experiencia, cada persona es un mundo. Una idea vaga y general, pero que refleja un asombro y admiración profunda por cada persona en concreto, con su nombre y sus apellidos. Y en el caso de Will Hunting, ve en el muchacho una profundidad más honda que su actuar rebelde, que su fachada dura y su inteligencia deslumbrante. Y no solo lo ve, sino que se coloca a su lado, dispuesto a ayudarle con su amistad.

Creación artística, la Gran Búsqueda

Creación artística, la Gran Búsqueda

La cultura está en nuestras raíces. En mi último artículo -La cultura, tus raíces- decía que la palabra cultura trae consigo una resonancia a obras que han superado la barrera del tiempo, interpelándonos y configurando nuestro modo de comprender el mundo. Reconozco que para mí la cultura es, principalmente, alimento, cultivo de mi espíritu, pero hablar de cultura y no hablar de creación sería como afrontar la realidad desde una óptica reducida. Y es que ¿cómo beber del profundo y refescante pozo de la cultura si no hay quien lleve el agua hasta allí?

  Últimamente he podido leer varios artículos orientados a escritores en Medium. Esa plataforma, que busca ofrecer una plataforma de textos cuidados e interesantes, se ve inundada en ocasiones de articulistas ávidos de remuneración. Tanto en esa plataforma como en los cientos de blogs orientados a escritores, se pueden encontrar recetarios para quienes aspiran a vivir de la palabra escrita: auto-ayuda para superar los miedos del escritor y convencerse de que cualquiera puede ser escritor, artículos que elogian la abundancia diaria de palabras escritas, trucos para generar títulos con tirón... Reconozco que algunos de esos artículos son muy interesantes, pero me cuestiono si esta cultura...

La cultura, tus raíces

La cultura, tus raíces

Piensa en cultura, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? Efectivamente la palabra cultura parece venir ligada a imágenes polvorientas, páginas de papel áspero y macilento y olor a cerrado. Cultura: cuadros con marcoso rococó colgados de muros cubiertos de seda, piedras desgastadas y porosas en lugares insospechados, viejos vinilos de compositores con pelucas empolvadas. Cultura: tapices raí...

Lectura y amistad (II). Confidencias en el tiempo.

Lectura y amistad (II). Confidencias en el tiempo.

Hace días escribía sobre algunos de mis buenos amigos con quienes me encanta conversar y descubrir los secretos y brillantes ideas atrapadas en sus mentes. Afirma Juan Luis Lorda que leer permite convertirse en confidente de los espíritus más grandes que existen y que han existido en el mundo:

"A cualquiera le parecería un extraordinario privilegio recibir las confidencias de un gran pensador. Es exactamente lo que hacemos cuando leemos sus libros. Recibimos el mensaje más cuidado y más central, precisamente lo que han querido decir y en el modo más cuidado. Leer a los grandes es vivir con ellos, aprender de su saber y participar de sus inquietudes". Juan Luis Lorda, Humanismo.

¡Cuántos grandes amigos puede encontrar uno recorriendo páginas de grandes libros! Quien disfruta con la lectura, con las ideas atrapadas en palabras, desearía poder viajar a...

 

Raíces culturales. El elogio de la persona larga de vista.

Raíces culturales. El elogio de la persona larga de vista.

Hace unas semanas leí un libro sobre la historia de Inglaterra, escrito por Chesterton. Su Breve historia de Inglaterra no es, como puede uno imaginar, un manual salpicado de fechas y eventos más o menos importantes, sino un verdadero e ingenioso ensayo sobre las raíces culturales de dicha nación. Chesterton, con la ironía y cercanía que le caracterizan, va analizando las distintas capas en las que la Historia se sedimentó en aquella isla británica. Para acometer esta ambiosa tarea, observa las irregularidades y montículos que afectan a los hombres y las mujeres de su época.  ¿Qué ha hecho que seamos como somos?, parece preguntarse el autor. Y su teoría plantea que quizás no son las batallas ni los giros de gobierno lo que configuran las culturas, sino las ideas susurradas al oído de los ciudadanos, los pensamientos que permanecen inalterables perforando y dando continuidad a varias capas de la Historia. Por eso Chesterton no desestima las leyendas, ni las viejas bromas, puesto que esconden realidades profundas. No quiero hablaros de Inglaterra –aunque sí os animo a descubrir su historia de mano del mismo Chesterton –, sino de una cuestión vital para ser capaz de atravesar capas y capas de tierra y palabras hasta encontrar las raíces que configuran culturas y personas: una vista larga.

Una vista larga no es un estudio quisquilloso, ni un...

Memoria y cine. Recuerdos de la Historia a través de la pantalla.

Memoria y cine. Recuerdos de la Historia a través de la pantalla.

La memoria es un gran misterio. Nunca deja de sorprenderme su funcionamiento, o por lo menos el modo en que lo experimentamos. Seguro que alguna vez, al caminar cerca de un desconocido, su colonia ha activado ciertos recuerdos que parecían enterrados. La memoria, de forma repentina, empieza una carrera hacia el pasado y saca todas las imágenes y sonidos vinculados a ese olor. Al principio le cuesta localizar las secuencias de la gran bobina de los recuerdos, pero en seguida se enciende la bombilla del proyector y...

Lectura y amistad. Amigos de tinta y tiempo.

lev y celine blog.png

 Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pero a mí eso me suena a poco. ¿Qué es un tesoro sino una propiedad? El tesoro puede cambiarte la vida desde fuera, pero el amigo la cambia desde dentro. Quien tiene un verdadero amigo es la persona más afortunada del mundo. ¿Y quién es el verdadero amigo? Para mí, aquel con quien puedo abrir mi corazón sin vergüenza, aquel con quien hablar horas y horas sin cansancio, aquel con quien abordar todos los temas, desde los más profundos, hasta los más banales. Me emociona poder sumergirme en mil y un pensamientos en compañía de alguien que no se asuste al bucear hasta lo más hondo de la persona: amor, amistad, trabajo, Dios, cultura, familia, sociedad… Todo se mezcla en esas conversaciones que llamo “de salvar el mundo”. Pero me gusta hablar tanto como me gusta escuchar, por lo que me fascina toparme con alguien cuyo mundo interior parece tan complejo como el mío. Cuando esos encuentros se dan, uno ya no se siente solo, y aunque continúa sabiéndose único, también entiende que es puramente humano al compartir tantas inquietudes y alegrías con otros. Sí… tienes razón, quizás no haya tanta gente ahí fuera dispuestas o capaces de sumergirse sin peligro en esos mares intempestivos del alma humana. Pero déjame compartir un secreto contigo: hay muchos más de los que piensas… ¡y sin darte cuenta conoces a muchos de ellos!

 Una vez leí que si te cruzas con alguien leyendo tu libro favorito, es como si un libro te presentara a una persona que fácilmente puede convertirse en un buen amigo. Reconozco que muchas veces he preguntado a mis conocidos acerca de sus libros favoritos, o incluso de los míos, para probar nuestra afinidad. Pero… ¿cómo puede un libro sugerir amigos? ¿Es la portada lo que nos grita? ¿O es el prefacio de un libro el que trata de captar tu atención? No… Es un buen amigo de otro tiempo y de otro lugar el que sale a tu encuentro: el autor. Él es el único que puede presentarte a alguien nuevo, el único que puede convertirse en intermediario entre dos amigos potenciales. ¡Cuánto hemos de fiarnos de los autores, no nos equivocaremos si los consideramos buenos amigos! Y es que estos amigos de otro tiempo, profesan un trato desinteresado, como afirmaba Proust:

Todos estos sobresaltos de la amistad desaparecen en el umbral mismo de esta amistad pura y tranquila que es la lectura.
Marcel Proust. Sobre la lectura.

 Yo tengo mi propio grupo de amigos con quienes me gusta reunirme en mi habitación, a solas. Sé que no hay demasiado espacio, pero las conversaciones de uno a uno tienen un encanto propio, el sabor de las confidencias en voz baja, de la cercanía y la intimidad. Déjame que te cuente algo sobre estos amigos, quizás los descubras y encuentres en ellos esa amistad profunda y arrebatadora.

 ¿Por dónde empezar? Imagino que, en primer lugar, debería presentarte a un  hombre con quien me encanta tomar una taza de té o una cerveza. Su nombre es Clive,  pero le llaman Jack. Es el hombre puramente británico, lo más británico que conozco: elegante, astuto, irónico y divertido. Y es muy inteligente. Lo que más disfruto en nuestras conversaciones son sus metáforas. Solo Jack puede imaginar nuestras tentaciones cotidianas como simples manipulaciones de un joven diablo de prácticas. Jack sabe de todo y tiene una visión única y acertada sobre los hombres: parece leer los pensamientos más íntimos, conoce nuestras caídas, nuestras luchas contra nosotros mismos, contra los demás y contra Dios. Y, sin embargo, cuando saca a la luz estos pensamientos, uno nunca queda avergonzado ni se siente acusado. Jack sabe que todos nosotros, a pesar de nuestras miserias, no hacemos más que tratar de alcanzar la Belleza y la Felicidad, y facilita el camino, pavimentándolo con comentarios divertidos que siempre sorprenden por su delicada profundidad.

 Clive tiene un amigo que se llama John Ronald y que es mucho más tranquilo y solemne. Le gusta compartir con Jack, y también conmigo, su conocimiento y opiniones ponderadas sobre el hombre. Pienso que tiene la habilidad de ver nuestros deseos, y por eso alberga y transmite una gran confianza en la redención de la humanidad a través de la amistad y la lealtad. A John le encanta pensar en alto mientras da pausadas caladas a su pipa y señala a esos paisajes y ciudades maravillosos que imagina ante su mirada. Es muy delicado, así que nunca dirá lo que debo pensar, ni zanjará cuestiones morales con cerrilidad. Sin embargo sostiene opiniones firmes. Nos encanta hablar sobre el bien y el mal, sobre la naturaleza de los verdaderos héroes… Y todo esto lo hace siempre de modo sumamente poético, dando vida a criaturas hermosas y puramente humanas que parecen respirar frente a ti.

 Clive y John, mis grandes amigos británicos.

Clive y John, mis grandes amigos británicos.

 Estos dos amigos míos me han enseñado muchas cosas, y lo que es más importante, han compartido conmigo su forma propia de mirar el mundo. Como buenos británicos, no esconden las sombras agazapadas en los pliegues del alma humana, pero las confrontan con una perspectiva amplia que siempre considera el pasado. Ese pasado que nos configura y ese futuro que nos une. Cuando conocí a John Ronald por primera vez, yo era una adolescente que se sentía cómoda en la soledad, mirando a través de la ventana, pasando las páginas de un libro. Entonces no se me pasaba por la mente la posibilidad de encontrar a alguien con quien pudiera compartir tantas ideas. Tenía buenos amigos, pero no demasiadas conversaciones profundas. Anhelaba encontrar una alma que vibrara con lo mismo que hacía temblar la mía, deseaba encontrar a alguien que sintiera la misma inquietud que acampaba dentro de mí al enfrentarse al mundo. John apareció en mi vida en el momento perfecto. Cogió mi mano y elevó mis pensamientos, haciéndolos volar hacia el Bien y la Belleza. Después de conocerle fui capaz de compartir los dolores de Clive sin caer en la desesperanza y pude también enfrentarme a los miedos de Mary sin ser arrastrada por ellos. Pero pienso que sobre Mary habré de hablaros en otro momento…

Miradas desde el arte

Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies.
— G.K. Chesterton

 En el colegio nos enseñan que hay cinco sentidos y que cada uno está vinculado a un órgano, pero ahora sé que los ojos no sirven solo para ver. Recorriendo los pasillos de los museos, contemplando antiguas fotografías y películas, escuchando a los amigos, me he enfrentado a miles de ojos que no solo miraban.

 Hay ojos que escuchan. Ojos que se clavan en el de enfrente, pestañeando lo estrictamente imprescindible. Son ojos pausados, pacientes. Agujeros que absorben y que incluso tiran del hilo de voz, hasta sacarlo todo -sin violencia alguna- y calmar al otro. Los ojos que escuchan tiemblan con las historias graves y vibran con las agudas. Son ojos silenciosos, calmados y pacientes, que todo lo abarcan. Los ojos que escuchan no desaprueban con las cejas, solo asienten con un ligero espasmo del iris.

 El padre Gabriel escucha y mira el milagro. La Misión de Roland Joffe. ©Warner Bros

El padre Gabriel escucha y mira el milagro. La Misión de Roland Joffe. ©Warner Bros

 Hay también ojos que hablan. No solo captan información, también comunican. Los ojos que hablan tienen el poder –o la desventura- de independizarse y de gritar lo que el rostro o la lengua no dicen. Dentro de esos ojos locuaces los hay con distintos timbres, distintos registros. Hay ojos que hablan con voz pura, quizás tímida, pero voz más clara que lo que la persona quisiera. Ojos delatores, miradas que cuentan historias de amores, de pecados, de anhelos, de confusiones. Como ventanales desde los que se asoman los mensajeros, así los ojos dejan al descubierto el pasado, el presente, el futuro. Una cara neutra con ojos delatores de aquellos hombres tan soberbios, o de aquellos otros tan humildes, cuyas almas escapan y se desvelan. ¡Cuánta mujer joven grita a través de las pupilas que está buscando el verdadero amor, la palabra sincera, el abrazo confortante! ¡Cuántas miradas esquivas no son sino un intento de esconder pecados estruendosos o pasiones sinfónicas! ¡Cuántas gafas de sol tratando de acallar el clamor del espíritu! ¡Cuántas cortinas de lágrimas recriminan al mensajero osado! ¡Cuántos párpados en apariencia cansados o atareados enmudecen la confidencia silenciosa!

 Cuando se crea el silencio de la mirada, a veces podemos encontrar ojos que construyen lazos que tocan la piel. Porque las miradas pueden tener tacto. En ocasiones se evidencian las caricias robadas en el centelleo curioso, en el entornar los ojos acuosos. Pero también las caricias llenas de reverencia y veneración se escurren a través del iris. Los ojos que revuelven los cabellos con ternura o rozan las mejillas lo hacen de dentro hacia afuera. Primero se cuelan por las pupilas hasta el centro de la persona, hasta acariciar el corazón –o el alma- con tanto cuidado que desde ahí dentro consiguen poner de puntillas toda la piel. Eso intuía Becquer cuando decía que “el alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”. La piel puede también temblar o encogerse de miedo y dolor frente a una mirada brusca y dura. Ante los ojos raudos y fríos, la respuesta es enrocarse, paralizarse, tratar de esquivar el golpe o huir si ya se ha notado el impacto. Ante ciertas miradas solo queda buscar sujeción y escondite en el suelo, tratar de deshacer los nudos que sujetan el puente invasor.

 Van Gogh grita desde su Autorretrato de 1889. ©Musée d’Orsay

Van Gogh grita desde su Autorretrato de 1889. ©Musée d’Orsay

 Por último hay miradas que indagan en esos nudos, ojos que intuyen la mejor forma de disponer los lazos para construir puentes. Son ojos que parecen oler los aromas más sutiles, que parecen paladear cualquier atisbo de dulzura o cualquier resquicio de amargura. Los ojos de Sherlock que ven lo invisible y encuentran lo escondido. Mirada de sabueso que persigue una pista, mirada franca del perro de caza que con gesto pausado descubre las huellas del animal sigiloso. Son los ojos del confesor, los ojos de la madre, los ojos del verdadero maestro, del médico. Unos ojos que saben cuando hay algo no mostrado, unos ojos que penetran con su claridad en busca del despojo corrupto, de la herida inflamada. Estos ojos no tocan, pero su conocer anima, con un tic ligero de las cejas y la nariz, a arrojar los velos o descubrir los rincones.

 Los ojos no solo captan formas y colores. Los ojos hablan, comparten, acercan o alejan. Los ojos delatan, los ojos aplauden. Los ojos hablan, escuchan, tocan y huelen. Y por eso se entienden tantas miradas esquivas, tantas lágrimas ruborizadas. ¡Qué maravilloso misterio el de los ojos de los hombres! ¡Cuántas historias y aventuras con tan solo mirar de frente, con pausa!