Amistad. Las alas de la persona creativa.

Etruscan Friends @mariadelrincon
Eres un genio Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio, presumes de saberlo todo de mí porque viste un cuadro que pinté y rajaste mi vida de arriba abajo. ¿Eres huérfano, verdad? ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, cómo te sientes, quién eres, porque he leído Oliver Twist? ¿Un libro basta para definirte?
— De la película El Indomable Will Hunting

  Si has visto El indomable Will Hunting, esta reprimenda a un joven inteligente, pero demasiado orgulloso, te sonarán familiares. Y si, efectivamente, has visto la película, probablemente hayas deseado tener cerca a alguien como el personaje de Robin Williams, capaz de reconducir las potencias de un joven rebelde hasta tratar de sacar de él lo mejor. El personaje sabe distinguir la experiencia que podemos sacar de las obras artísticas de las del encuentro con la propia persona y reconoce que, a pesar de tener una amplia cultura y experiencia, cada persona es un mundo. Una idea vaga y general, pero que refleja un asombro y admiración profunda por cada persona en concreto, con su nombre y sus apellidos. Y en el caso de Will Hunting, ve en el muchacho una profundidad más honda que su actuar rebelde, que su fachada dura y su inteligencia deslumbrante. Y no solo lo ve, sino que se coloca a su lado, dispuesto a ayudarle con su amistad.

  Los grandes genios creativos son aquellos que después de haber profundizado en el mundo y el hombre lo comparten desde su peculiar visión. Pero, como afirma Maria Popova, existe un gran riesgo en el ámbito de las relaciones personales con una profunda resonancia en el plano cultural: el temor a compartir las cosas que nos son más preciadas e íntimas. La chispa de luz del artista es, frecuentemente, encerrada en lo más profundo del alma, con cierto temor a que alguien destruya o critique ese brillo que parece dar vida al creador. La idea innovadora es juzgada con severidad excesiva por el propio pensador que puede engañarse sobre la profundidad y trascendencia de aquella novedad intelectual o expresiva. Por eso, la amistad tiene una fuerza incalculable. El amigo que escucha y apoya nuestras ideas tiene un efecto inesperado, inconmensurable, pues no solo ayuda a su compañero, sino que quizás, sin saberlo, actúa como la piedra que cae en agua generando ondas más y más grandes. Dice Popova, en un fabuloso artículo en su web sobre la correspondencia entre Darwin y su amigo Joseph Dalton Hooker, que la amistad es un pilar de la cultura:  

The more I live, the more convinced I become that great friendships are the heartstrings of creative culture, the wings that lift artists, scientists, and dogma-disruptors above the cesspool of criticism, contention, and indifference with which every groundbreaking creative act is first met.
— Maria Popova, en brainpickings.org

El buen amigo -no hay amigo que merezca ese apelativo y que no sea bueno- mira dentro del alma del otro y acepta con amor todo lo que ahí encuentra. Y precisamente esa aceptación desinteresada y sincera es la que conduce a una creciente intimidad compartida que confía incluso esas ideas guardadas con temor en los pliegues más recónditos del corazón. Las críticas y observaciones extrañas son comprendidas por el creativo como un ataque, como un golpe dirigido a mermar fuerzas, a cortar las alas; mientras que si vienen del amigo, son clavos que ayudan a elevar y reforzar.

 Fotograma del documental  First Cousin Once Removed  de  Alan Berliner .

  La amistad es creativa, ya que del trato confiado entre dos personas que se miran y se conocen, que se aceptan como sony que comparten y comparten y comparten. ¡Qué conversaciones mantendrían Tolkien y Lewis sobre sus libros, sus ideas y sus vidas! Y es que el diálogo amistoso me permite conocer más y conocerme mejor. Una idea surgida en la interioridad de una persona, adquiere nuevos impulsos o brillos distintos, cuando se ha expresado y compartido con el amigo. Esa idea adquiere una nueva vida, protegida con cariño por el amigo. Los mundos fantásticos de Narnia se encontraron con la Tierra Media junto a unas cervezas o unas tazas de té, y seguramente se hicieron más grandes y majestuosos en ese trasvase de tierras y aguas. Si uno lee relatos biográficos sobre los dos autores ingleses, descubrirá una amistad profunda y capaz de leer las creaciones mutuas desde el alma del otro. Tolkien desconfiaba de su capacidad, se enfrentaba a un mundo que, en ocasiones, le parecía sombrío y peligroso como su propia alma. Lewis tenía la fuerza y el arrojo, el brío, que quizás necesitaba Tolkien. Y Tolkien tenía la fe y la esperanza que empapó a Lewis. Y es que los amigos dan volumen a la propia personalidad.

Tener un verdadero amigo es también como mirarnos en un espejo que devuelve algo más que la simple reproducción de la propia imagen. Mirarnos en un amigo es encontrarnos a nosotros mismos vistos desde fuera y con mayor perspectiva, pero con el cuidado y el cariño con que nosotros mismos pondríamos al mirarnos. Me gusta como lo decía Julián Marías: “A través del otro, los amigos se enriquecen y perfeccionan, se descubren e interpretan. Se podría decir que , al ver al otro, cada uno de ellos aprende a conocerse”. A través de la amistad, un amigo ayuda al otro a encontrarse a sí mismo, a saber de verdad quién es, y a atreverse a serlo.
— Ana María Romero, La innecesaria necesidad de la amistad.

Llegar a ser quien uno es, no es tarea sencilla sin amigos. Ni Darwin, ni Joyce, ni Tolkien tendrían de sí mismos una imagen de grandes creadores, de personajes que pasarían a la historia. Necesitaron un amigo a su lado que los viera así. Uno ve su propia alma con cierta hipermetropía, acentuada por un astigmatismo crónico en el caso de los artistas y creativos. El amigo, desde fuera y a la vez desde muy dentro, puede captar esos detalles desenfocados a mi retina. Ve las luces, ve las sombras y ve las batallas. A través de diálogos y silencios, el amigo consigue ver el relieve de las nuevas ideas, y movido por el amor que une al amigo, apuesta por ellas. El amigo -ciego que ayuda a otro ciego, según Santiago Kovadloff- se convierte en guía y mentor del creador, ofreciendo al mundo un tesoro.

Que un amigo me conozca no solo significa que está al tanto de lo que le he contado de mí. Significa, ante todo, que frecuenta el laberinto en que consisto. Ninguno de mis prejuicios, ninguno de mis temores - fundados o no-, ninguna de mis pobrezas, escapan a su discernimiento. Sabe de mí, muchas veces, más que yo. Ve en mí lo que no veo. Lo que no alcanzo a ver. Y viceversa, por supuesto. Nos rige la reciprocidad de los que se saben complementarios. Somos, en este punto, ciegos que se ayudan uno al otro a atenuar la penumbra en que vivimos.
— Santiago Kovadloff, "El corazón de mis amigos es mi casa", en La Nación.
 Salvador Dalí, Federico García Lorca y Pepín Bello en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Salvador Dalí, Federico García Lorca y Pepín Bello en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Los amigos se complementan, y la historia del arte y la literatura nos lo demuestra constantemente. Gaugin y Van Gogh, Tolkien y Lewis, Lorca y Dalí, Fitzgerald y Hemingway, Erasmo y Moro, Spielberg y Lucas... Resulta fascinante comprobar los círculos de amistades de intelectuales, innovadores y artistas. Cerca de un artista suele haber otro, y si se continúa tirando de los hilos, más y más gente creativa anda cerca. Las reuniones de literatos en los colleges británicos dieron sus frutos en forma de libros y mundos que continúan vivos, del mismo modo en que el arte y la ciencia española germinaron en los pasillos y sillones de la Residencia de Estudiantes de Madrid y las contemporáneas ideas innovadoras se gestaron en aulas universitarias americanas. Nuestra vida, lo sabemos, no es un verso suelto, sino parte de una composición que la perfecciona. "Otras vidas, otras voces, llenan mi vida", dice Alejandro Llano, animando a los estudiantes a descubrir ese tesoro de la amistad. Y son esas otras voces, las de los amigos, familiares, maestros y estudiantes, las que aportan notas vibrantes a mi vida; las que convierten las líneas melódicas de mi vida en una brillante composición polifónica.

 

Si te ha gustado este artículo, no dudes en comentar y compartir. Y también puedes leer otros artículos recientes.