Cine y vida. Un lenguaje particular

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El lenguaje nos configura de un modo más profundo de lo que podemos intuir. No soy lingüista, pero intuyo que el modo en que están construídas las distintas lenguas, afectan al modo en que quienes la hablan piensan y actúan. Si queréis saber más sobre este tema, os recomiendo este TED Talk de Lera Boroditsky, en el que explica este asunto tomando distintas lenguas como ejemplo. Por mi parte, puedo decir que siempre me ha fascinado el modo tan distinto en que escribo en español o en inglés. El español siempre me ofrece mejores herramientas para explorar las esencias, las cualidades, las distintas reacciones o acciones. Sin embargo, el inglés es más directo, emplea menos palabras y el peso parece centrarse en las acciones y no tanto en los sujetos (no deja de ser divertida la capacidad de transformar cualquier sustantivo en verbo, como los verbos “To Google”, “To microwave” o “To Email”). Sí, la lengua nos influye, no seamos ingenuos y pensemos que es tan solo una convención que rige algo externo.

Hay otro lenguaje que sé que nos ha conformado a todos sin que lo hayamos percibido: el lenguaje cinematográfico. Todos podemos “leer” una película sin problemas, hemos aprendido las reglas gramaticales de este lenguaje, y, por eso, lo que el cine cuenta y el cómo lo cuenta ha influído nuestro modo de pensar y actuar. ¿A qué me refiero con ese lenguaje cinematográfico? A toda una gramática que conjuga planos, ángulos de cámara, modos de edición… Para comprobar el modo en que hemos adquirido esta lengua con normalidad, podemos ver una escena de la película Life of an American Fireman (Porter, 1903). Cualquier persona encontrará esta escena un tanto lenta, lo interesante es pensar en el porqué.

Life of an American Fireman (la escena a la que nos referimos va del minuto 3:50 al 6:14)

Esta escena muestra uno de los primeros experimentos con cámaras múltiples. Porter tuvo una idea genial: mover la cámara fuera de un estudio para poder ver las acciones desde distintos puntos de vista. Un primer paso en la narración cinematográfica que, sin embargo tropezó con un problema: la continuidad temporal. En el clip vemos la misma escena del rescate de la mujer y el niño dos veces, cosa que -ahora que hablamos con fluidez el lenguaje cinematográfico- percibimos como un error que ralentiza el desarrollo del relato y que podría solventarse con una edición que intercale el metraje. El lenguaje cinematográfico comprime el tiempo, narra lo estrictamente necesario para la comprensión, eliminando lo que el espectador puede inferir por sí mismo.

Una película narra una historia en 120 minutos, esculpe el tiempo -como decía Tarkovski- sacando la esencia vital de ese tiempo atrapado. Las acciones en el cine son simplificadas, los dramas reducidos a su punto esencial. Un proceso de filtrado que requiere una visión especial, una capacidad de síntesis y estética, que después se estructura en torno a conflictos. Quizás el espectador medio no ha reflexionado sobre esto, pero estamos muy acostumbrados a este lenguaje que configura nuestra vida. En el cine el héroe puede salvar el planeta en dos horas y, en ocasiones, pensamos que también nosotros podemos hacerlo.

¿Y en qué reside la naturaleza de un arte fílmico propio de un autor? En cierto sentido, se podría decir que es el esculpir el tiempo. Del misimo modo que un escultor adivina en su interior los contornos de su futura escultura, sacando más tarde todo el bloque de mármol, de acuerdo con ese modelo, también el artista cinematográfico aparta del enorme e informe complejo de los hechos vitales todo lo innecesario, conservando sólo lo que será un elemento de su futura película.
— Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo.

El inglés se cimenta sobre verbos, el español sobre sustantivos y el lenguaje cinematográfico se asienta en el tiempo. Planos, movimientos de cámara, ángulos y cortes… Todos se estructuran y subordinan a una construcción temporal específica de ese complejo de hechos vitales. Hace años vi una película de Woody Allen que me ayudó a descubrir en qué medida la edición cinematográfica configura nuestra concepción de la vida. La Rosa Púrpura del Cairo cuenta la historia de una mujer que va al cine como modo de escapar de sus problemas personales. Todos los días vuelve a ver una película, La Rosa Púrpura del Cairo, hasta que un día, el personaje principal de la película se fija en ella, abandona la pantalla y se escapa al mundo real para estar con nuestra mujer. En un momento dado, hay una escena magistral en la que el cineasta juega con nuestras expectativas y las del personaje ficticio que habita el mundo real.

Lenguaje cinematográfico y vida en La Rosa Púrpura del Cairo (desde 1:24)

En el mundo real no hay fundidos a negro después de los momentos emotivos, ni de las grandes decisiones, o de los fracasos mayores. Es curioso cómo esos momentos especiales, que en la pantalla siempre terminan en el momento álgido con un fundido a negro, en la vida real sí tienen continuidad y nos pueden parecer “incómodos”. El cine comprime la realidad y nos hace creer que tras la declaración de amor y el beso viene la perfección, nunca se nos muestra ese fragmento de tiempo de la conversación posterior. Las grandes discusiones acaban con el rostro acongojado del personaje abandonado, pero nunca vemos su actuar solitario. Las grandes confidencias acaban con una sonrisa tras el dato que da la plenitud, pero tampoco conocemos cómo dos amigos se despiden y vuelven a sus vidas normales. ¿El cine ha influido en nuestro pensar y actuar? Creo que sí, aunque es un tema que da para muchos más artículos. Eso sí, lo que cada vez entiendo mejor, son las palabras de Faulkner sobre el modo en que todo lo que vivimos y experimentamos, incluyendo las películas que vemos, hace que seamos quienes somos.

 
Faulkner experiencias escritor Cult-Roots

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