Diálogo y conversación. Cultura del pasado, tarea del presente

 Conference at night. Edward Hopper, 1952.

Conference at night. Edward Hopper, 1952.

  Nuestras raíces proyectan largas sombras del pasado sobre nuestra identidad presente. La cultura, esas huellas impresas en el tiempo por personas, sucesos y decisiones del pasado, es el cimiento sobre el que construímos nuestro presente y, por eso, es el centro de atención de Cult-Roots. "¿Por qué tanta cultura? ¿Qué importancia tiene eso ahora? ¡Hay cosas del hoy que requieren nuestra atención!", podría exclamar el lector de estos artículos. La cultura, es cierto, no ha de convertirse en fin, pero es importante reconocer su valor como medio para construir una vida plena para uno mismo y para la sociedad. Identidad personal y pasado cultural, sí, pero también cultura del pasado, tarea del presente.

  La cultura no es solo un conglomerado de datos o experiencias del pasado, es un gran modo de acercarse a los intentos de millones de personas por comprender ese misterio que es el alma humana. Las preguntas que estructuran esta web (¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Adónde voy?) resuenan con un eco de millones de voces. Esa búsqueda del sentido mira tanto al ayer, como al hoy y al mañana. La cultura no brinda soluciones, ni respuestas a todos esos interrogantes todavía vivos en el hombre, pero ofrece experiencias acumuladas que toca a cada uno considerar. Escuchar esas voces del pasado es uno de los modos que tenemos de cultivar nuestro espíritu, tarea de gran relevancia, ya que

Nuestro espíritu, como nuestro cuerpo, requiere un ejercicio continuado, se atrofia si no lo cultivamos.
— Igor Stravinsky, Poética Musical.

  Pero ese ejercicio no sería de provecho si se limitara a un simple consumo. El que acumula contenidos del pasado, con afán de coleccionista o falso erudito, no hace mas que comer sin alimentarse. Y para hacer nuestra esa sabiduría pasada es necesario absorberla, meditarla, vivirla. Solo así, dará lugar a un saber profundo de lo que es el hombre, de lo que ha de hacer, conformándose en una verdadera cultura humanista al servicio de las inquietudes presentes y los proyectos y retos futuros. "El hombre es hijo de su pasado mas no su esclavo, y es padre de su porvenir”, afirmaba Viktor Frankl. La cultura nos conforma, está en nuestras raíces personales, pero no nos determina; y por eso decía Baltasar Gracián que

Sobre los favores de la naturaleza asienta bien la cultura, digo la estudiosidad y el continuo trato con los sabios, ya muertos, en sus libros; ya vivos, en su conversación; la experiencia fiel, la observación juiciosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos; todas estas cosas vienen a sacar un hombre consumado, varón hecho y perfecto; y conócese en lo acertado de su juicio, en lo sazonado de su gusto; habla con atención, obra con detención; sabio en dichos, cuerdo en hechos, centro de toda perfección.
— Baltasar Gracián, El discreto.

  El trato con los muertos a través de sus libros ya ha sido tratado aquí en varios artículos (al tratar de los autores con quienes labraríamos amistad o al hablar de un flujo de conocimientos que supera la barrera temporal), dejando un amplio vacío sobre esa otra etapa de la que habla Gracián, del trato con los vivos. Sí, el espíritu creador necesita del amigo, pero cualquier hombre, para que crezca, requiere de la escucha atenta y el diálogo profundo. Ese baile de palabras, brotadas del espíritu y protegidas por la gramática, se convierten en un impulso amable que conduce -de nuevo- a esas preguntas universales.

Es el hablar atajo único para el saber: hablando los sabios engendran otros, y por la conversación se conduce al ánimo la sabiduría dulcemente. [...] De suerte que es la noble conversación hija del discurso, madre del saber, desahogo del alma, comercio de los corazones, vínculo de la amistad, pasto del contento y ocupación de personas.
— Baltasar Gracián, El criticón.

  La buena conversación ayuda al desarrollo de las propias ideas, a sembrar nuevos brotes que hacen más hermoso el propio espíritu y a dar frutos provechosos para todas las partes implicadas. Las grandes generaciones de literatos o artistas solían frecuentar ambientes que propiciaban el intercambio constante -más o menos formal- de ideas elaboradas y compartidas. El diálogo sincero descubre, en muchas ocasiones, maravillosas luces que no habrían sido alcanzadas ni elaboradas en soledad.

 Hemingway en la librería parisina Shakespeare & Co.

Hemingway en la librería parisina Shakespeare & Co.

  Escuchar, asomarse al mundo desde la mirada del otro. Eso a lo que un amor por la literatura y el cine ya nos predispone, tiñe el espíritu con los colores propios de la humanidad. Y así como David Copperfield puede abrirme al mundo de un huérfano, una conversación con quien ha perdido a sus padres arroja luces y sombras más densas en el interior del propio corazón. Dice C.S. Lewis, en boca de un viejo demonio con gran experiencia tentadora, que

The Present is the point at which time touches eternity. Of the present moment, and of it only, humans have an experience analogous to the experience which our Enemy has of reality as a whole; in it alone freedom and actuality are offered to them.
— C.S. Lewis, The Screwtape Letters.

  El presente es lo más real que tenemos. En el hoy decidimos actuar de forma más humana, en el ahora unimos nuestro bagaje cultural a nuestras aspiraciones futuras. Y para llevar la contraria al viejo Escrutopo, y no acabar sirviéndole de alimento, hemos de nutrirnos del pasado, impulsarnos con el futuro y agarrar el hoy con decisión. La cultura nos hace más humanos, la cultura está en mi identidad, pero aceptarla y aprovecharla es tarea del presente y, como me confiaba en una conversación James Nachtwey, en el ahora, en tan solo un nanosegundo, mi elección y actuación puede mover el mundo.

 

Si te ha gustado este artículo, no dudes en comentar y compartir. Y también puedes leer otros artículos recientes.