Creación artística, la Gran Búsqueda

matisse CR.jpg

 La cultura está en nuestras raíces. En mi último artículo -La cultura, tus raíces- decía que la palabra cultura trae consigo una resonancia a obras que han superado la barrera del tiempo, interpelándonos y configurando nuestro modo de comprender el mundo. Reconozco que para mí la cultura es, principalmente, alimento, cultivo de mi espíritu, pero hablar de cultura y no hablar de creación sería como afrontar la realidad desde una óptica reducida. Y es que ¿cómo beber del profundo y refescante pozo de la cultura si no hay quien lleve el agua hasta allí?

  Últimamente he podido leer varios artículos orientados a escritores en Medium. Esa plataforma, que busca ofrecer una plataforma de textos cuidados e interesantes, se ve inundada en ocasiones de articulistas ávidos de remuneración. Tanto en esa plataforma como en los cientos de blogs orientados a escritores, se pueden encontrar recetarios para quienes aspiran a vivir de la palabra escrita: auto-ayuda para superar los miedos del escritor y convencerse de que cualquiera puede ser escritor, artículos que elogian la abundancia diaria de palabras escritas, trucos para generar títulos con tirón... Reconozco que algunos de esos artículos son muy interesantes, pero me cuestiono si esta cultura del "escritor atormentado a quien no se le reconoce su valía" aporta algo. Me genera una especial inquietud el hecho de recomendar escribir un artículo diario sí o sí. ¿Cuál es la finalidad de esos textos sino el simple hecho de ser un ejercicio de escritura? Comprendo que quien adopta esa actitud no busca hacer arte, sino más bien vivir, pero no deja de incomodarme el uso continuo de términos grandilocuentes para referirse al propio ejercicio y práctica de la escritura.

Hemingway CR.jpg

  Esa invitación a escribir por escribir me conduce a cuestionarme acerca de la finalidad del arte. ¿Por qué o para qué crear una obra literaria o artística? Si la contemplación de la obra de arte se convierte en un diálogo con la belleza o con los autores, ¿qué es lo que busca el propio creador? ¿Qué conduce al artista a crear una obra? Acabo de leer un breve libro que recoge varias conferencias de Josef Pieper sobre arte, Only the lover sings: Art and Contemplation. El autor explica que la contemplación es una actividad mediante la que tocamos remotamente el núcleo mismo de la realidad. Pieper asegura que hay distintas formas de alcanzar esa contemplación de las raíces y los fundamentos de las cosas, entre las que se encuentra la creación artística. El autor explica entonces, en el ensayo Trabajo, tiempo libre y ocio,  qué es lo que los artistas hacen:

El artista no presenta una copia de la realidad, sino que hace visible y tangible mediante palabras, sonidos, colores o piedra, las esencias arquetípicas de todas las cosas, ya que él ha sido privilegiado con la capacidad de percibirlas.
— Josef Pieper, Only the lover sings: Art and Contamplation.

 Leyendo esta explicacion de Pieper, ese ejercicio esforzado por crear algo deja de tener una relación directa con el misterio profundo del arte. El verdadero artista es el que comparte algo que él ha visto, el que habla sobre algo que él conoce. De forma expresiva, Pieper afirma que para poder crear, antes se requiere una nueva forma de mirar, una capacidad de ver más allá de lo que ve la mayoría de personas. Y es aquí donde entran en juego las Musas. Ellas no arrebatan al artista hacia una creación que brota como un impulso, sino que hacen recordar al artista la luz que una vez captaron:

No hemos de considerar las musas como seres que «se acuerdan». Antes bien recuerdan a otro, al artista, quien está de este modo en condiciones no sólo de acordarse sino de recordar a su vez a otros. Y a quien pregunta qué se evoca en el recuerdo se le puede anticipar la respuesta de algún modo obvia de que ambos, quien se acuerda y aquel a quien se recuerda algo, apartan su atención de lo que «ahora» importa y está a la vista. [...] Se tratará de algo que, en razón de su «otredad», se nos olvida y«escapa» fácilmente, pero que, para que se pueda seguir hablando de una existencia verdaderamente humana, no debe ser olvidado.
— Josef Pieper. "Tres charlas en el estudio de una escultora", en Only the lover sings.
Pieper cr.jpg

Josef Pieper

"Antes de poder expresar algo en forma tangible, el artista necesita primero ojos para ver".

 El artista, afirma Javier Gomá, se siente llamado a crear una obra por la fascinación que intuye en ella antes de crearla, no por la obra en sí, sino por la perfección que ésta aporta al mundo. Esa intuición previa, ese recuerdo, no son más que una mirada profunda a la belleza que escapa de distintos modos de nuestro propio mundo. El artista, asistido por las Musas o ayudado por una visión profunda, percibe realidades brillantes en el mundo y en los hombres y, tras haberlas gustado y amado, desea potenciar ese brillo compartiéndolo. El verdadero artista, ese de cuya obra beben personas de todos los tiempos, lejos de sentarse delante de un cuaderno vacío o de un lienzo en blanco con ánimo de ejercitar su creatividad, es el que desea sacar de su imaginación o de su memoria, una realidad que merece la pena tener vida propia. El artista observa, reflexiona, dialoga y después crea. La fascinación ante algunas realidades le llevan a poner en juego sus capaciades de creación artística, con la ilusión de poder capturar alguno de los destellos aprehendidos, como expresaba William Faulkner:

The writer is so interested — he sees this as so amazing and you might say so beautiful… It’s so moving to him that he wants to put it down on paper or in music or on canvas, that he simply wants to isolate one of these instances in which man — frail, foolish man — has acted miles above his head in some amusing or dramatic or tragic way… some gallant way.
— William Faulkner, Entrevista en la Universidad de Virginia.

 Por supuesto que esa fascinación por la realidad no siempre dará lugar a creaciones de corte realista. El arte movido por una intención formalista también busca ese brillo misterioso del mundo y también lo hacen la fantasía y la ciencia ficción que parecen crear mundos propios. Tolkien, maestro creador de mundos, sabía que su tarea era una labor de co-creación, y entendía su arte como una exploración constante de las realidades más profundas de nuestro mundo: 

The most important part of what art does is search for, capture, and offer up to view the three verities: Goodness, Beauty and Truth. This is the High Quest of art. [...] This is my calling, buy it is the same for anyone else who dares pick up pen, or brush or leotard.
— J.R.R. Tolkien, Entrevista recogida en Tolkien, A celebration de Joseph Pearce (ed.).

 La creación artística es, por lo tanto, un eco de la Humanidad tratando de encontrar significado a la realidad, una búsqueda insaciable de verdades escondidas, de misterios inefables, de tesoros inabarcables. Una búsqueda de aquello que, estando en el mundo, lo trasciende y nos recuerda que ese misterio es lo que nos hace puramente humanos.