Identidad personal, pasado cultural

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  ¿Quién soy? Who am I? Cuando nos encontramos en un momento de cambio o de crisis en nuestra vida, solemos confrontarnos con esta pregunta. Y en mi mente, no puedo desligar ese cuestionarse íntimamente de la imagen -y la música- de Les Misérables. Jean Valjean ha pasado años en prisión, no es más que un número, hasta que alguien ve en él algo de aquel pasado, o más bien algo de la profundidad de su alma. Valjean ya no es "alguien más", un ser anónimo... No, ahora tiene un nombre y un apellido, una identidad. 

   Pero así como ese sabio hombre de Dios intuye la grandeza que se esconde entre andrajos y gestos duros, Jean ha de mirar su vida de nuevo, desde fuera y desde dentro. Así, también nosotros nos enfrentamos muchas veces a cierta incomodidad con la propia existencia o las personales circunstancias. Nos rebelamos contra el tiempo, la sociedad, contra mi lugar en el mundo... Y entonces necesitamos "encontrarnos", pararnos y reflexionar, enfrentarnos a preguntas incómodas tratando de vislumbrar la propia luz. Buscaremos, entonces, aquello que nos identifica, lo que nos hace únicos, distintos y exclusivos: mi yo más íntimo y propio.

  En esa búsqueda tenemos el peligro de llevarnos por el vocablo más repetido en la publicidad: ¡nuevo! Cuando lo presente nos incomoda, podemos buscar la salida de la novedad, tratando de configurar un nuevo yo según el contexto variable. ¡Cuántas veces dejamos de lado nuestras raíces y pensamos que son solo un estorbo! Sin embargo, nunca podremos saber quiénes somos -ni serlo- si no reconocemos el modo en que nuestras raíces personales y también culturales han hecho que seamos nosotros mismos.

  Además de la propia historia personal, vivimos en un mundo maravilloso, con cimientos ya clavados en tierra. ¡Qué diferente el hombre que vive aislado en un mundo por construir, de aquel otro arropado por años de historia, filosofía y arte!

 Zola y sus raíces culturales.  Portrait d'Émile Zola  de Édouard Manet (1868) .

Zola y sus raíces culturales. Portrait d'Émile Zola de Édouard Manet (1868) .

  En el colegio aprendemos más o menos historia, más o menos filosofía, literatura, arte, ciencia... Podemos ver lo que ampliamente llamamos cultura como una losa antigua que estudiamos, como una huella de un pasado que poco tiene que ver con nosotros. ¡Nada más lejano de la realidad! La cultura es la tierra en que crecemos y de la que nos nutrimos, es la raíz que nos sostiene y que nos permite alzarnos erguidos y dirigirnos al sol. La cultura es un fundamento, mi origen y mi contexto.

Detrás de nuestra voz, resuena el fondo polifónico de otras muchas voces que hablan a través de nosotros y de las que somos deudores.
— Mijail Bajtin

  Esa deuda de la que habla el autor ruso es una que algunos consideran gravosa, pero que es nuestro tesoro más preciado. Somos seres sociales y debemos nuestro ser, y nuestro ser de tal modo, a muchas personas. No solo a nuestro círculo más próximo -familia, amigos, profesores-, sino que también tenemos que descubrir y reconocer en nosotros muchas influencias de gente que no conocemos o que murió hace mucho tiempo. Nos gusta sentirnos únicos, independientes, libres de toda influencia, pero da una mayor libertad conocer nuestra verdad: que somos pequeños contenedores con forma propia, pero en los que se han volcado años y años de historia, filosofía, de arte...

 Si vas a la raíz de tu actuar y de tu pensar, te encontrarás con muchas personas que no esperabas. A algunas les reconocerás una victoria no deseada, pero, aunque nunca lo reconozcas, si eres sincero habrás de agradecer a muchas otras con quienes quizás disientes por todo lo que te han dado. Recuerda, no somos seres aislados en una cueva, somos hombres sociales, con una historia de la humanidad que nos sustenta y nos conforma.

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