Lectura y amistad (II). Confidencias en el tiempo.

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  Hace días escribía sobre algunos de mis buenos amigos con quienes me encanta conversar y descubrir los secretos y brillantes ideas atrapadas en sus mentes. Afirma Juan Luis Lorda que leer permite convertirse en confidente de los espíritus más grandes que existen y que han existido en el mundo:

A cualquiera le parecería un extraordinario privilegio recibir las confidencias de un gran pensador. Es exactamente lo que hacemos cuando leemos sus libros. Recibimos el mensaje más cuidado y más central, precisamente lo que han querido decir y en el modo más cuidado. Leer a los grandes es vivir con ellos, aprender de su saber y participar de sus inquietudes.
— Juan Luis Lorda, Humanismo. Los bienes invisibles.

¡Cuántos grandes amigos puede encontrar uno recorriendo páginas de grandes libros! Quien disfruta con la lectura, con las ideas atrapadas en palabras, desearía poder viajar a una pequeña cafetería donde entrevistarse por horas con esos autores. ¡Cuántas conversaciones interesantes podría uno mantener con esos confidentes que encontró en las obras de literatura, ensayo o el cine!

  Y como contaba antes, mi encuentro con algunos de estos hombres con los que desearía compartir una cerveza (Tolkien y Lewis especialmente), me permitieron abrirme y profundizar en el alma de otros muchos autores. Así sucedió con Mary. Ella tenía un monstruo en su interior: sentía esa gran fuerza que reside en el interior de cada mujer, una fuerza que fácilmente podía conducirla a la perdición. Mary tenía a Percy a su lado, pero creo que con frecuencia se sentía sola. Había perdido algo preciado y pensaba que estaba maldita para el resto de sus días. Pero convirtió esos miedos en un gigante que caminaba, nacido del orgullo y la arrogancia. Mary me contó todos sus secretos, sin que yo lo supiera: me habló sobre confianza, intimidad, amor, arrepentimiento y miedo. La escuché con calma, con los ojos y los oídos bien abiertos. Ella anhelaba encontrar a alguien que descubriera algo bueno en su interior, y sabía que a mí aquello me fascinaba. Sus miedos se convirtieron en los míos y, aun cuando me había mostrado todos los pliegos de su corazón, aprendí que siempre hay una belleza deslumbrante en el interior de cada alma humana, a pesar de los pesares.

 Stefan y Mary que supieron indagar en el interior del alma de la mujer.

Stefan y Mary que supieron indagar en el interior del alma de la mujer.

  Hablando sobre esa fuerza dentro de cada mujer, deja que te hable sobre mi amigo Lev. La vida le ha hecho un hombre sabio, obsesionado con el verdadero significado del amor, de las relaciones duraderas, de la lealtad… Nos hicimos amigos cuando me sorprendió con una profunda reflexión sobre el modo en que las mujeres piensan. Recuerdo el modo en que describía la mirada de una mujer en un tren, tratando de esconder su deseo de ser mirada, de ser admirada. Lev no juzga a las personas, construye argumentos delicados cimentados en observaciones y en su amplia experiencia de la psicología, concretamente de la femenina. Con esas precisas puntualizaciones suyas, en ocasiones me recuerda a otro amigo que conocí en mis ratos de lectura en el silencio y la intimidad de las tardes de invierno, Stefan.

  Stefan es un gran fan de la Historia, pero siempre me fascina al contarla a través de la experiencia de personajes individuales y puramente humanos. Escribe y habla como un escultor: da volumen a las planas pinceladas de dolor que aparecen en los libros de Historia. Sus relatos son la Historia diciendo “Hola” con una voz particular. Cuando debate sobre política, cultura o economía, conduce tu pensamiento a las especificidades de una mente compleja. Una vez consiguió hacerse amigo de una mujer con una peluca empolvada, y a pesar de las historias que había escuchado sobre ella, llegó a comprenderla y a quererla. De repente, a través del alma de Stefan, las palabras infantiles de aquella mujer y su respuesta frívola sobre el pan y los pasteles se convirtieron en un grito silencioso por una infancia perdida. La Reina se convirtió en Mujer, y fue gracias a Stefan.

  Podría seguir escribiendo sobre mis amigos sin parar, podría contarte cómo a través de tinta y tiempo encontré grandes personas. He encontrado personas que, probablemente, buscaban esa amistad verdadera que un tiempo distinto podía haber creado. Al leer mis libros favoritos, sé que si hubiera tenido la oportunidad de compartir el mismo tiempo y espacio que los autores, habríamos podido pasar horas en una cafetería hablando sobre lo que fuera. Me pregunto si estos amigos míos llegaron a tener cerca a un amigo de esos que uno no puede menos que agradecer continuamente, de esos amigos con los que uno puede compartir todos los pensamientos, incluso aquellos recónditamente ocultos en las profundidades del corazón. Quizás encontraran a alguien así, o quizás nunca pudieron compartir aquellas verdades íntimas con un amigo, y tan solo pudieron escribirlas. Clive escribió algo que me ayuda a comprender por qué me siento tan cercana a él:

El gran artista -en todo caso, el gran artista literario- no puede ser superficial en lo que piensa ni en lo que siente. Por improbable y anormal que sea la historia elegida, en sus manos, como suele decirse, «cobrará vida». Y esa vida llevará la impronta de la experiencia, el conocimiento y la sabiduría que posee el autor; y no sólo de eso sino, incluso, de lo que quizá podríamos llamar el sabor o la «textura» que la vida tiene para él.
— C.S. Lewis, La experiencia de leer.

  Sé que soy afortunada, he encontrado grandes amigos a través de sus libros. Solo deseo que también tú puedas convertirte en uno de esos amigos que ellos esperaban encontrar a través del tiempo y del espacio.