Raíces culturales. El elogio de la persona larga de vista.

mapa inglaterra

  Hace unas semanas leí un libro sobre la historia de Inglaterra, escrito por Chesterton. Su Breve historia de Inglaterra no es, como puede uno imaginar, un manual salpicado de fechas y eventos más o menos importantes, sino un verdadero e ingenioso ensayo sobre las raíces culturales de dicha nación. Chesterton, con la ironía y cercanía que le caracterizan, va analizando las distintas capas en las que la Historia se sedimentó en aquella isla británica. Para acometer esta ambiosa tarea, observa las irregularidades y montículos que afectan a los hombres y las mujeres de su época.  ¿Qué ha hecho que seamos como somos?, parece preguntarse el autor. Y su teoría plantea que quizás no son las batallas ni los giros de gobierno lo que configuran las culturas, sino las ideas susurradas al oído de los ciudadanos, los pensamientos que permanecen inalterables perforando y dando continuidad a varias capas de la Historia. Por eso Chesterton no desestima las leyendas, ni las viejas bromas, puesto que esconden realidades profundas. No quiero hablaros de Inglaterra –aunque sí os animo a descubrir su historia de mano del mismo Chesterton –, sino de una cuestión vital para ser capaz de atravesar capas y capas de tierra y palabras hasta encontrar las raíces que configuran culturas y personas: una vista larga.

  Una vista larga no es un estudio quisquilloso, ni un análisis de especialista. Tampoco la vista larga mira generalidades vacías. Quizás se entienda mejor esta capacidad de buscar raíces en palabras de Chesterton:

Por alguna extraña circunstancia empleamos la expresión “corto de vista” como una crítica, y en cambio no utilizamos “largo de vista” que, en buena lógica, debería ser una expresión elogiosa. Y sin embargo, tanto tiene de enfermedad visual lo uno como lo otro. Puede decirse con razón, y a modo de rechazo de una modernidad de vía estrecha, que mostrar indiferencia hacia todo lo que es histórico implica cierta cortedad de miras. Pero ser tan largo de miras como para interesarse sólo por lo prehistórico no resulta menos desastroso. Y este mal aflige a muchos de esos eruditos que tantean en las tinieblas de épocas sin documentos en busca de las raíces de sus razas o casas favoritas.
— G.K. Chesterton. Una breve historia de Inglaterra.

Aunque el escritor británico se refiere aquí a la Historia, pienso que ese conocimiento de naturaleza histórica puede aplicarse a ese transcurso del tiempo que configura el mundo y también a los hombres, a esos sedimentos de sabiduría que van convirtiéndose en las raíces del hombre y de la cultura de cada momento. La persona "larga de vista" es aquella que sabe identificar las columnas y raíces que le sujetan y conforman, sabiendo ser agradecido a su legado y hallando en él una parte esencial de su identidad e historia personal. El hombre de mirada amplia, el hombre culto, no es el hombre enciclopédico que almacena "informaciones", sino el hombre que sabe mirar el común corazón de la humanidad en las distintas capas de tierra y tiempo. El sabio es quien con amplia base de conocimientos es capaz de sintetizar e ir a lo radical. El hombre culto profundiza en la historia, el arte y la cultura en busca del Hombre, pues ya prevenía Petrarca sobre los conocimientos sin raíces:

¿De qué me sirve conocer la naturaleza de las bestias feroces, de los pájaros, de los peces y las serpientes, si ignoro o desprecio la naturaleza del hombre, el fin para el que hemos nacido, de dónde venimos y adónde vamos?
— Francesco Petrarca. De sui ipsius et multorum ignorantia.

  Ir a las raíces de la cultura significa lanzarse a un viaje hacia la profundidad tenebrosa y fascinante del alma humana. Profundizar en la cultura, atravesando esas capas históricas, conduce a esas preguntas esenciales sobre el hombre y sobre el mundo que se pueden contestar solo en parte. Las obras de cultura, afirma José Luis González Quirós, son intentos de expresar el sentido de la vida, creaciones que aportan nuevas luces de sentido, testimonios de lo que podemos sentir y contemplar. Por eso, asegura que "la cultura nos muestra retazos de un complejo y delicado tapiz que, aunque no puede ser enteramente descrito a la perfección, puede ser personalmente entrevisto por quien se aplique a la tarea", por el, en fin, de mirada larga.

  Así, por ejemplo, el hombre de mirada larga puede interrogarse acerca de cuestiones similares ante obras variadas, y encuentra ecos de las mismas dudas a través del tiempo y las artes. Así, se puede ver una fascinación ante imágenes que laten con sonidos de una Pietá. Al contemplar con cuidado la obra de Miguel Ángel descubrimos que del mármol surgen pequeños susurros, que añaden a la perfección técnica miles de preguntas dirigidas al alma. Y encontramos ecos de esas preguntas en otras obras que buscan replicar esas voces pegándose a las mismas raíces culturales. Cuando el fotógrafo español Samuel Aranda ganaba el World Press Photo en 2012, su imagen de una madre velada llorando sobre el cuerpo de su hijo, narraba muchas más historias además de las consecuencias de las revueltas árabes.

 Piedad árabe de Samuel Aranda, Premio World Press Photo of the Year 2012

Piedad árabe de Samuel Aranda, Premio World Press Photo of the Year 2012

La mujer que cuida a su hijo sufriente por el mal que inunda el mundo tiene ecos atemporales. Y aunque uno no sepa situar la imagen en el conflicto de Yemen, el hombre de vista larga establece referencias inmediatas. Referencias semejantes a las provocadas por la película Roma, città aperta de Rossellini. En esa ocasión, no tenemos a una madre que llora por su hijo herido en la injusticia, sino a un padre consternado ante la muerte inocente en el mundo que tiembla ante el pecado al que dejó entrar libremente.

roma citta aperta pieta.png

Pero un eco quizás más duradero despierta esa historia representada y cantada miles de veces en teatros de ópera: Rigoletto de Verdi. Una historia de venganza, dicen algunos. Pero esa venganza no es más que la trama a través de la cual se filtran preguntas más profundas, temas más universales. En los brazos de un padre rabioso, deja escapar el último aliento la hija redentora, que muere libremente para salvar a quien ama, al pecador amado. Y Rigoletto confunde con una maldición el propio mal salido de sus manos, la venganza que inquieta y deja tras de sí un camino de dolor que termina manchando las manos del protagonista con la sangre más querida.

 Representación de Rigoletto de Verdi en el Royal Opera House, Londres, 2012.

Representación de Rigoletto de Verdi en el Royal Opera House, Londres, 2012.

  Una madre cargando con el cuerpo muerto de su hijo amado, observa su rostro con una mirada de calma y tranquilidad. El hijo que muere libremente por los pecadores amados, esta vez no por mano de maldición propia, sino por un mal misterioso del que libera a los demás. Esa madre joven y hermosa de Miguel Ángel no grita, no se revuelve ni rebela contra el suceso doloroso, observa con preguntas que se replican en el espectador atento. Y quizás por eso, la Madonna de mármol viviente lleva varios siglos capturando la atención y fascinación de los hombres de larga vista. Las preguntas que atraviesan siglos son quizás más profundas e insondables que las demás obras que tan solo se aproximan a algunos aspectos.

 Detalle de la Pietá de Miguel Ángel, fotografiada por Robert Hupka.

Detalle de la Pietá de Miguel Ángel, fotografiada por Robert Hupka.