Fantasía

Cuentos y fábulas. Historias que salvan

mary_cassatt_the_map_the_lesson.jpg

¿Por qué Cult-Roots? ¿Por qué ese empeño por la cultura y su incidencia en la persona? ¿Por qué no volverse a la efectividad del emprendimiento, a las respuestas de la psicología? ¿De qué le sirve al hombre de hoy esa mirada hacia el pasado? Cada vez estoy más segura de algo: la cultura salva.

La cultura salva al hombre sin brújula, al hombre abandonado a su suerte en un desierto de apatía y soledad. La cultura es el mapa para el navegante desorientado, sin una ruta marcada, pero con cientos de caminos señalados. La cultura es un faro que avisa del peligro a quien atraviesa una tormenta oscura y violenta. La belleza salva. Con su misterioso encanto nos recuerda que lo nuestro no son las batallas apresuradas, la oscuridad de lo violento y peligroso, ni el desierto del sin-sentido. La belleza nos eleva del suelo y nos hace vernos como somos: seres pequeñitos, pero llamados a la eternidad.

La belleza salva.  El caminante sobre el mar de nubes , Caspar David Friedrich, 1818.

La belleza salva. El caminante sobre el mar de nubes, Caspar David Friedrich, 1818.

La belleza eleva, y la belleza narrada guía. Las historias pueden salvarte la vida. Millones de personas han pisado la tierra que tú pisas y se han sentido tan perdidos como tú. Podemos llenar nuestras estanterías con libros de auto-ayuda, pero también en la sección de narrativa encontramos grandes guías. Es más, probablemente hayas acudido ya antes a algunos de los grandes mapas más precisos, pero quizás entonces no andabas perdido. ¡Cuántas respuestas encuentra el hombre en los cuentos!

Cuando somos adultos, los cuentos verdaderamente buenos tienen un especial atractivo. Tras un largo y ruidoso trayecto al trabajo, una comida acelerada marcada por la tensión de no cumplir los objetivos del día, una impresora averiada y una tormenta imprevista, los cuentos nos sacan de la rutinaria sucesión de eventos. C.S. Lewis, en su breve análisis sobre las historias, habla de los efectos que éstas tienen en el lector. ¿Qué es lo que nos atrapa de una historia?, se pregunta. ¿Es la excitación que provoca la aventura o hay algo más? La aventura, afirma, excita de modo veloz nuestros nervios, mientras que la historia en sí arroja un hechizo susurrante sobre nuestra imaginación. Los cuentos, las fábulas, no corren con los detalles prácticos de la vida real, sino que trasladan al protagonista -y al lector- a otro mundo. Esos mundos de fantasí y magia se convierten en lugares acogedores, en paisajes en los que el hombre se pasea sin complicaciones y encontrando parajes familiares. ¿Cómo puede ser que nos sintamos comprendidos y explicados en los cuentos? Dice Lewis que

Para construir ‘otros mundos’ creíbles y emotivos, hay que recurrir al único ‘otro mundo’ real que conocemos: el del espíritu.
— C.S. Lewis, On Stories.

Por eso, los mundos de fantasía son un mapa para nosotros, la mejor guía de los peligros y oportunidades del mundo de nuestro espíritu. En un ambiente de fantasía, rodeados de extrañas criaturas y sucesos, podemos vernos reflejados en los personajes. Mundos irreales, narrativas sencillas, acciones evidentes que proyectan su luz con fuerza por compartir el mismo corazón y el mismo espíritu.

In life and art both, as it seems to me, we are always trying to catch in our net of successive moments something that is not successive”, añade también el escritor británico analizando la narrativa a la que estamos acostumbrados y los misterios que entraña. Ese “algo más” que buscamos en las historias, trasciende los eventos y es lo que muchas veces se nos presenta como guía y luz. ¡Qué difícil explicar nuestras ansias, nuestros sueños, nuestras vidas con una serie de sucesos! Hay cientos de manuales de psicología, cientos de ensayos sobre el actuar y sentir humano, cientos de conferencias motivacionales que procuran pulsar el núcleo común de toda persona. Y, sin embargo, cuando nos enfrentamos a esas explicaciones, es fácil encontrar un punto que no acabe de casar bien con nuestro caso particular. Podemos incluso perdernos más, ya que esa ruta que se marca como definitiva, puede sernos ajena, extraña… El viajero confuso en los senderos de su alma quizás no encuentre orientaciones en la ciencia o en las explicaciones cerradas.

También Tolkien ofreció un buen número de rutas y sendas que recorrer.

También Tolkien ofreció un buen número de rutas y sendas que recorrer.

Las historias salvan, ofrecen rutas ligeramente sugeridas, pero rutas que atraen y sobre las que podemos proyectar todo nuestro recorrido. Las razones cerradas no siempre satisfacen, quizás porque el tiempo del alma necesita imágenes de sueños y fantasías. Resulta difícil para el viajero ordinario trazar y describir la ruta por la que camina, sobre todo cuando el sendero atraviesa zonas oscuras e inóspitas. La persona desconcertada, desorientada, no encuentra palabras precisas para situarse, no encuentra su ubicación y tampoco la posible salida. Sin embargo, una etapa amarga puede explicarse y entenderse con mayor tino mediante la imagen de una esquirla de un espejo demoniaco clavado en el corazón, como nos enseña La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen. Nuestra prisa que parece conducirnos a la nada gris puede ser redimida y evitada por el tiempo lento de la niña Momo, y el dolor por el amor que se aleja tiene más sentido en los gestos y palabras de un zorro y un Principito.

La belleza narrada guía al hombre perdido. Las historias son un faro de visiones pasadas en la misma oscuridad que aún nos ciega. Los cuentos son huellas de personas que recorrieron los caminos que nos aterra tomar. Volver a leer los cuentos que en la infancia nos atraparon suele tener una fuerza arrolladora en la edad adulta. Solemos excusarnos si volvemos a releer esas historias que marcaron nuestra infancia, o incluso podemos tener un mal recuerdo de aquellos cuentos que hubimos de leer en la escuela, sin embargo, hay grandes obras que ocultas bajo el disfraz de “literatura infantil”, tienen un gran poder para señalar caminos en la edad adulta. La belleza narrada salva, nos acompaña en nuestro hoy confuso y nos presenta el camino hacia el verdadero mañana.

 

Si te ha gustado este artículo, no dudes en comentar y compartir. Y también puedes leer otros artículos recientes.

Ficción. Mundos humanos en el corazón.

Portrait of Edmond Maitre (The Reader) Pierre-Auguste Renoir

  Quienes no disfrutan leyendo piensan que los lectores "pasan más tiempo en un mundo irreal" o pueden incluso considerarlos cobardes o irresponsables que buscan huir del mundo y de la realidad. A veces, también quienes disfrutan de la lectura hablan de ella como de una "vía de escape", cosa que no acabo de comprender por mucho que haya quienes lean "para olvidar". No, la literatura -o al menos la buena literatura- no es una droga que anestesia, no es un psicodélico que conduce a ensoñaciones irresponsables. Las buenas historias, incluso las de fantasía o ciencia ficción, más que hacernos olvidar, nos ayudan a recordar.

  Al abrir un libro y pasar sus hojas, cruzamos el umbral no a un mundo paralelo al nuestro, sino a uno que se asemeja a él. Los personajes y aventuras convincentes nos arrastran con fuerza, porque convierten al lector en protagonista. Una mala obra, muchas veces, no consigue atraparnos porque no logra identificarnos con sus héroes, porque no son verdaderos humanos. Por supuesto, no me refiero a una humanidad en la apariencia externa, sino a la identificación del corazón humano: muchas veces encontramos personajes más humanos que nuestros vecinos en forma de extrañas criaturas. Así, por ejemplo, hay miles de monigotes de humanos llenando nuestros libros o nuestras pantallas, hombrecillos que actúan de forma estereotipada, programados como "tipos" y no como personajes. Por eso podemos reconocer muchas cualidades semejantes a nosotros entre las escamas color madreperla de Fújur, el dragón de la suerte de La Historia Interminable, o incluso podemos querer parecernos a seres más nobles como el hobbit Sam.

  En la ficción nos encontramos, nos explicamos a nosotros mismos, como señalaba Ursula LeGuin:

We read books to find out who we are. What other people, real or imaginary, do and think and feel... is an essential guide to our understanding of what we ourselves are and may become.
— Ursula K. LeGuin

Cuando una persona se sumerge en silencio en las páginas de una novela o cuando se siente la única espectadora en una sala de cine, su mente no se escapa a un mundo exterior, sino que se adentra en un mundo posible dentro de su corazón.

Fragmento de El lector (Monet), de Pierre-Auguste Renoir.

Fragmento de El lector (Monet), de Pierre-Auguste Renoir.

  Leía hace poco que quienes leen tienden a ser más empáticos y es que el buen lector ha tratado a miles de humanos en esos mundos posibles. Y, por supuesto, si ese encuentro se aborda con seriedad, uno aprende a escuchar, a recibir los consejos de esos personajes, a arrepentirse con sus fallos, a tolerar sus defectos. Y también por eso los sabios aconsejan leer obras selectas, es poco el tiempo y muchos los libros:

Lo que conviene es conformarse; conformidad con esa realidad que se nos impone de no leer en este trecho temporal más libros que los que en él se pueden leer honda, fecunda y delicadamente.
¿Que no pueden ser muchos? Pues que sean buenos.
— Pedro Salinas. "Defensa de la lectura", en El Defensor.

¡Cuántas lecciones morales aprendemos acompañando a nuestros héroes antes que en la escuela! No es lo mismo, todos lo sabemos, que tu padre insista en que no debes mentir, a ver a un pobre muchachito leñoso con una inmensa escoba por nariz. Y, por supuesto, también los adultos vamos puliendo el rugoso mármol de nuestro corazón con la vida, los amigos y esos mundos posibles plagados de miles de conocidos.

  Las historias no son una sucesión de hechos, son caminos que buscan nuestros pasos. En las buenas historias, no solo encontramos lecciones, sino que las vivimos, puesto que van creciendo y desarrollándose dentro de nosotros. Michael Ende viajó a muchos mundos y nos ofreció otros tantos, con un manual de instrucciones presentado a Bastian Baltasar Bux, y a nosotros a través de él:

Todos los que estuvieron con nosotros [en Fantasía] aprendieron algo que sólo aquí podían aprender y que los hizo volver cambiados a su mundo. Se les abrieron los ojos, porque pudieron veros con vuestra verdadera figura. Por eso pudieron ver también su mundo y a sus congéneres con otros ojos.
— La historia interminable, Michael Ende.
 

Si te ha gustado este artículo, no dudes en comentar y compartir. Y también puedes leer otros artículos recientes.